"Anda y clama a los oídos de Jerusalén, diciendo: Así dice Jehová: Me he acordado de ti, de la fidelidad de tu juventud, del amor de tu desposorio, cuando andabas en pos de mí en el desierto, en tierra no sembrada." Jeremías 2:2 Cuando escapé de la esclavitud, hubo persecución, fuego, mar, milagro y actitud. Entonces confíe en la esperanza, acepté mi redención. Corrí al desierto, dejé a mis angustiadores en su perdición. Mi lengua se deshacía alabando y mi cuerpo, rendido, adorando. Cadenas que cayeron, mis culpas ya no existieron. Habiendo dado la espalda a mi pasado, fuego del cielo como guía nocturno me fue dado, nube divina que de día me guardó y bautizó, viandas y bebidas que me saciaron. Mi espíritu resucitó. En mi necedad, incapaz de entender mi libertad, no supe guardar mi confianza, mi lealtad. Mas no fue por siempre la reprensión, me fue dado honor. El tiempo de una generación duró el prime...
Comentarios
Publicar un comentario